El maestro y místico alemán Eckhart (1260 – 1328), en uno de sus sermones,
cuenta la historia de una mujer que, habiendo perdido un ojo, quedó
profundamente abatida. Su marido le comentó:
— ¿Por qué estás tan triste, esposa mía? No debería entristecerte tanto la
pérdida de un ojo.
Ella contestó:
— No es el hecho de haber perdido un ojo lo que me entristece, sino el
temor de que ahora me quieras menos.
El marido aseguró que no era así pero, viendo que su esposa seguía triste,
tomó la decisión de vaciarse un ojo. Entonces fue a ver a su mujer y le dijo:
— Esposa mía, para que puedas creer que te amo, me he igualado a ti; ya no
tengo sino un solo ojo.
Y el Maestro Eckhart concluye así:
— Lo mismo sucede con el ser humano; apenas podía creer lo mucho que lo
amaba Dios, hasta que por fin Dios mismo adoptó la naturaleza humana.
Para la reflexión:
Dios nos ama profundamente, y nos lo demuestra entregando a su propio Hijo
por nosotros. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar por él?
Dios nos ama profundamente, y nos lo demuestra entregando a su propio Hijo
por nosotros. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar por él?
Mateo Bautista. 101 cuentos para la catequesis.
Editorial SAN PABLO


