La Violencia Y El Feminicidio No Son De Dios
El mes de mayo está dedicado a maría, la madre del Señor.
Ella es la bendita entre todas las mujeres, porque, renunciando a todo proyecto
personal, entró en la historia de la salvación como aquella que posibilitó la
encarnación del Verbo. Esta acción dignificó la vida de todas las mujeres, en
todas sus dimensiones para siempre, y abrió el camino para que ellas tengan una
misión clara en la Iglesia y en el mundo.
Dios, en María, dignificó integralmente a cada mujer en
la historia y esto va más allá de lo intelectual, moral o social, pues la
pequeña esclava del Señor fue exaltada progresivamente por él. Esto contrasta
con el vía crucis degradante que llevan miles de mujeres sobre la tierra que
son madres, esposas o pareja, hijas, vecinas de los barrios… Ellas sufren a
causa de la violencia, de la degradación moral, exclusión, la pobreza.
Aseguró el diario “El Comercio”, el 26 de agosto del
2015, al difundir unas estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, que
“cuatro de diez peruanas ha sufrido alguna vez violencia por parte de su pareja
o de la familia”. Y que de todos los casos, el 37% se dan en Lima, el 7% en
Arequipa, el 6% en Junín y el 5% en Puno. Este flagelo social llamado violencia
contra la mujer y feminicidio es contrario al plan de Dios.
La amorosa ternura con que Dios ha matado a María y el
amor con que la respetó José, su esposo, son los paradigmas sublimes y fuente de trascendencia para
ponerle alma a los reclamos y la lucha de las mujeres por ganar en dignidad y
humanidad. A la vez, son la inspiración para que el Estado intervenga en leyes,
salud y educación, de modo que, las denuncias hechas en público, permeen los
muros de los hogares violentos y asesinos.
P. Fernando Teseyra, ssp




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